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7/5/08

Romería y Rol

(Olivo, y Piedra de Rol. José M. Valverde)



Han pasado 7 largos años desde aquella vez, pero, aún hoy la recuerdo como si la estuviese viviéndola en estos momentos. Era Mayo, 27 de Mayo del 2001. La romería de San Isidro Labrador de Periana, y nosotros éramos jóvenes, quizás demasiado, éramos unos jóvenes, cansados del bullicio, que en general, nunca nos gustó. Eran las cuatro de la tarde, y Raúl tenía que marchar a las seis, o, como mucho a las seis y media. Hacía calor. La romería no nos proporcionaba la diversión deseada, ni tampoco el frescor deseado.

Mucho dinero para helados tampoco es que tuviéramos, por eso, lejos de desesperarnos buscamos un lugar sombrío, y agradable, lejos de todo aquel ruido, el lugar elegido, un olivo dentro de “La Alacena”, un olivo cerca del río, dónde poder disfrutar de la brisa del agua, y a la par, un olivo grande, para poder gozar de la sombra. Y, como base, una gran piedra, algo dura, sí, pero, bastante fresquita… Una vez elegido el lugar, sólo faltaba pensar en algo para distraer el tiempo. Tras mucho pensar surgió la idea, jugar a rol.

Nos mantendría distraídos, estaríamos sentados, y frescos, pues no había que moverse. Con aquel sencillo juego pudimos pasar la tarde de una forma bastante agradable…


(Charca de la Alacena. José M. Valverde)

22/4/08

Río Guaro (Vídeo)

Si alguien quiere el video que lo pida. Disculpad la calidad, pero la cámara era de fotos.

23/3/08

El Río Guaro

(Pozas del Río Guaro. José M. Valverde)

Ayer, por fin pude sacar algo de tiempo y coger la bicicleta para ir al Río Guaro, y sacar algunas fotos, e incluso algún video. Cuando llegué allí, lo primero que hice fue ir a aquel lugar, al lugar dónde jugué por primera vez a rol, algún día os subiré la imagen. Aquel lugar con tantos recuerdos...

Después, bajé un poco el río, hasta el lugar, dónde me bañaba de pequeño con mis primos (el lugar de la foto). Hace ya catorce, o quince años, que ibamos ahí con mis primas, mi primo, mi hermana, mi tía, mi madre y yo. Las primeras veces la poza no estaba hecha, y teníamos que hacerla la poza consistía en una serie de piedras a modo de pared, para aguantar la mayor cantidad de agua posible, con la ayuda de algunas algas (aquí las llamamos camas de rana), y algunas plantas. De esa forma aumentábamos unos centímetros el agua.

Si a eso le añadimos, algunas partes más hondas del río, pues ya tenemos una pseudo piscina para niños pequeños. Se estaba bastante, bien. No es que fuera la playa, pero, nos refrescábamos... pasó el tiempo, y los niños pequeños crecimos un poco. Aquella poza, se nos quedó pequeña, buscamos una poza un poco más arriba, esa poza nos cubría más que la otra, pero sin llegar a cubrirnos del todo. Era un pequeño hueco debajo de una piedra. Aún sin ser suficiente para refrescarnos del todo, pero, mejor que nada.

Pasó el tiempo, esos niños siguieron creciendo, y un día como otro cualquiera, volvieron a esa poza, pero aún así era pequeña, fuimos a la de arriba, y también era pequeña, así que seguimos bajando hacia abajo, parecía que la cosa no mejoraba. Pero, de repente, aquello se hacía más profundo, tan profundo que llegaba a cubrirnos, y nos cubría más de lo que podíamos imaginar. Y, por suerte, al lado había una especie de acantilado, dónde podíamos saltar al agua. Dónde podíamos tirarnos sin ningún miedo, porque por mucho que nos hundiéramos no llegábamos al fondo.

Pasamos allí varias tardes, en una de ellas, iba a saltar al agua, imitando a Angus Young (saltando a la pata coja) resbalé con el barro que se había formado por saltar antes, y, para mi desgracia, me caí encima de un pincho. Después de eso, día tras día, el río se iba secando, cada vez cubría menos, hasta el punto de que no merecía la pena ir allí a bañarse, porque ya sólo quedaban piedras, y algunos matojos que molestaban los intentos de natación.

Y, bueno, para despedirme os dejo otra foto, dónde tantas veces hablé con un amigo sobre los estudios y sobre los amores... dichoso el que nunca se halla enamorado... Al final, ni yo hice esa carrera, ni ella, ni él acabó con ella...

(Confesiones en el Río Guaro. José M. Valverde)

10/2/08

El Pantano de La Viñuela

(El Pantano, Carmen Mª Valverde)


Esta vez os traigo, una imagen del Pantano de la Viñuela, por desgracia, esta foto es, como mínimo, del año pasado. Es decir, hoy por hoy, no tiene tanta agua. Apenas, se divisa, creo que en términos porcentuales es un 25%, y este sería alrededor del 45-50%. Pero eso es otra historia, que en su día será contada…

La historia de este pantano, es reciente, se construyó allá por el 1988, y recuerdo que cuando yo era pequeño, no tendría más de 6 o 7 años, sinceramente, no recuerdo, pero iba con mis primos, mis primas y mi hermana, por aquel entonces el Pantano, aún estaba vacío, y el Río Guaro, seco. Así que podíamos caminar por la zona a nuestras anchas.
Como todo aquello estaba seco, y el Pantano nunca había llegado a llenarse, aún, la primera y única vez que esto pasó, fue en el 2000 (o alrededor); a ver si no me desvío mucho con las ideas, y no me lío. Pues como iba diciendo, íbamos; como tantas veces dice mi amigo; por aquel páramo los cinco, no recuerdo si seis, divididos en dos grupos, mi hermana, y mi prima más pequeña –aún así, mayor que yo–, y no recuerdo si mi primo pequeño. Y mi prima mayor, mi primo, varios meses menor que yo, y yo.

No recuerdo muy bien de que irían hablando ellos, pero nosotros, ya que mi prima era la mayor, y por tanto, la que más sabía, nos iba contando cosas sobre los dinosaurios, y fantaseábamos (más bien nos creíamos) que allí seguía habiendo restos de dinosaurios, estos restos eran las raíces de los árboles, que, supongo, por las obras del pantano salieron a relucir. Además, nos contaba, cómo llego el fuego a los hombres de las cavernas, cuando un rayo, prendió fuego a un árbol, y estos lo guardaron en una cueva, para que no se acabase, y sólo cogían el que necesitaba. Yo imaginaba, una caja de cerillas gigante, no sé porqué.

Ese es el primer recuerdo que tengo del pantano, y ocurrió cuando aún estaba seco. Luego fui creciendo, y el Pantano se llenó de agua. Lo que implico la llegada de pescadores semiprofesionales, y amateurs, como yo. Dado que es un Pantano de tierra, y no de obra, su suelo es tramposo, es decir, puedes pisar sobre firme, o puedes quedarte clavado en él. Cuando estaba lleno, fui allí a bañarme con mi padre, mi madre, mi hermana y un amigo, como mi padre había crecido allí, nos señaló una zona, digamos, poco peligrosa para bañarnos. Los flotadores que usamos para aquel baño, fueron garrafas de agua vacías (botellas vacías con una capacidad de 25-30 litros).

Seguí creciendo, y junto a otros amigos, vivimos experiencias inolvidables, a las que he querido llamar odiseas, rompimos una canoa y la robamos para conseguir desanclar un hidropedal, y otras tantas, ocurridas en el Río Guaro –más adelante os hablaré de él–. Con otros primos, pasábamos las tardes pastoreando cabras, saltando el río, jugando al fútbol, dos contra dos, y una vez, que se intentó jugar dos chicos contra tres chicas, no se hizo. Otras tantas tardes con la bicicleta, y paseando con viejas amigas, imaginando algo más que amistad…

Estos son los recuerdos alegres que guardo del Pantano, pero al igual que todos las cosas, también se presta a recuerdos amargos, y vivencias más tristes. Muchas tierras fueron expropiadas para construirlo, era algo necesario, pero eso no es lo más amargo, sino el número de muertes que han ocurrido ahí. Ahora mismo no sabría precisarlas, pero han sido 5 o 6, creo recordar, algunos, según decía la gente, suicidios con los coches, otros simples accidentes. Y el más reciente, el año pasado, o un poco antes, un joven rumano murió en manos de esa tierra tramposa, se quedó clavado mientras buceaba y no pudo salir (según dicen la gente del lugar, yo personalmente, sólo pude escuchar la noticia en televisión y periódicos comarcales).